El otro día tuve una revelación. Por fin comprendí la razón por la cuál hay tantas “mujeres interesadas”.

Me sorprendió darme cuenta que la principal razón ni siquiera reside en las mujeres. Reside en nosotros, los hombres.

Regresaré un poco y contaré la historia de cómo llegué a tal conclusión: Desgraciadamente conozco a un sujeto. No diré que es mi amigo, porque no lo es. Tengo la desgracia de tener que pasar con él cuando menos una hora cada semana. Un tipo bastante desagradable: se viste como un niño de preparatoria, es aburrido, no entiende cuando se le ignora (es decir, siempre), es vulgar y no tiene (ni le interesa tener) la más mínima elegancia.

Él se queja de que ninguna mujer quiere estar con él. Y dice que las mujeres que han salido con él, sólo se interesan en su dinero (lo cual me parece graciosísimo, porque ni siquiera tiene dinero realmente).

Cuando él me dijo esto, fue cuando tuve la revelación: Las mujeres se interesan solamente en su dinero porque es lo único en lo que podrían interesarse. Este pobre infeliz no tiene ninguna cualidad, así que las mujeres se ven obligadas en tratar de encontrar algo bueno en él, y lo que más se acerca a eso es el hecho de que él tiene un trabajo estable.

Creo que, como hombres, debemos hacer un profundo examen de consciencia en este aspecto. Se los debemos a las mujeres, pero, más aún, nos lo debemos a nosotros mismos.

Hombres, preguntémonos: ¿Conozco a muchas “mujeres interesadas”? ¿En qué están “interesadas”? ¿En mi dinero, mi estatus social, mis conexiones, mi familia, mis posesiones? ¿Tengo otras cualidades además de esas? ¿Cuántas? ¿Cuáles? ¿Qué me interesa a mi sobre las mujeres? ¿Únicamente sus cuerpos? Y si es así ¿tengo derecho a llamarlas “interesadas”?

No dudo que haya mujeres que únicamente busquen una vida fácil y cómoda, y un marido rico es un camino fácil. Pero si es que has conocido a demasiadas mujeres así, es muy probable que el problema seas tú. Es muy probable que realmente no tengas nada que ofrecer además de pagar las cuentas de los restaurantes a donde las llevas, o de comprarles regalos regularmente, o de la promesa de una vida cómoda y económicamente fácil. Y eso no es suficiente, cuando menos para las mujeres que realmente valen la pena.

De aquí es de donde viene el viejo y erróneo mito de “dinero mata todo”, haciendo alusión a que un hombre con dinero puede tener a cualquier mujer.

Cuando tu persona, y no tus posesiones, sea lo más interesante sobre ti, inevitablemente vas a atraer a muchas más y mejores mujeres.

La realidad es aplastante: Si tu personalidad no es lo suficientemente interesante, las mujeres se van a interesar en otras cosas, ya sea en tu dinero, o en otros hombres. Y no podemos culparlas.